Efímera estabilidad.

Si hay un término empleado reiteradamente por los representantes empresariales, ese es “estabilidad”. En efecto, no hay rueda de prensa o comparecencia pública de un líder empresarial sin que se evoque la necesidad de la estabilidad de las políticas económicas, la estabilidad institucional o presupuestaria, la necesidad de un marco estable de contratación laboral, etc.

Los ciudadanos, sin embargo, somos conscientes de lo ilusorio y efímero que resulta apelar a la estabilidad en nuestros días.  Así, en el momento presente, a la situación de excepcionalidad sanitaria, social y económica provocada por la pandemia del Covid-19, cabe sumar el colapso de las cadenas globales de suministro por la carencia de contenedores y el incremento de los fletes marítimos, el impacto causado por la falta de suministro de semiconductores en la industria de automoción, el incremento de los costes energéticos, etc.

Como ya avanzara Heráclito: “lo único constante es el cambio”. El corolario de esta sentencia sería la afirmación de Jack Welch, antiguo Director General de General Electric, quien afirmaba que “cuando el ritmo de evolución en el seno de un negocio es superado por el ritmo de cambio del contexto competitivo, el final está cercano”.

Por ello, en lugar de ansiar la estabilidad, será mejor ir asumiendo la necesidad de adaptarnos a las dinámicas de cambio. El problema es que las empresas, al igual que las personas, están concebidas para operar en condiciones de estabilidad.

Bajo condiciones de estabilidad las empresas aprenden a refinar sus capacidades, aplicar su conocimiento y focalizar sus actividades en dominios conocidos. El objetivo es el refinamiento de sus rutinas, procesos y capacidades para hacerlas más eficientes. Como resultado, las empresas se osifican y experimental serias dificultades para adaptarse a las nuevas modalidades de competitividad.

Este fenómeno condiciona la propia capacidad de supervivencia de las organizaciones: por ejemplo, en los Estados Unidos, una de cada diez empresas cotizadas en bolsa desaparece cada año, una proporción cuatro veces superior a la observada en 1965. La probabilidad de desaparecer en cinco años para una empresa cotizada está en la actualidad en el 32%, comparada con el 5% de riesgo que presentaba hace 50 años.

Para asegurar la supervivencia de las empresas es preciso desarrollar capacidades de adaptación y aprendizaje estratégico. De esta forma, al tiempo que se asegura la supervivencia de las empresas es preciso relanzar los proyectos empresariales para proyectarlo al futuro, desarrollando las capacidades competitivas necesarias. Para ello es necesario dotarse de un marco de referencia para la gestión empresarial que concilie la eficiencia a corto plazo con la creación de valor a largo plazo.

El término de “empresas ambidiestras” se refiere a aquellas organizaciones que afrontan los períodos de crisis mediante el desarrollo de estrategias regenerativas, simultaneando sus actividades de explotación, es decir sacando partido de los productos, mercados y negocios actuales, y la exploración, intensificando el emprendimiento y la búsqueda de nuevas opciones de negocio para construir su futuro.

Diversos estudios empíricos han llegado a conclusiones equivalentes al analizar los resultados de las empresas conforme a su orientación en la gestión: a largo plazo “las empresas ambidiestras” superan ampliamente a las compañías de orientación cortoplacista, tanto en crecimiento como en rentabilidad.

Desde esta perspectiva, la transformación empresarial se visualiza como una estrategia de construcción de capacidades que permite a la empresa abordar nuevas oportunidades de negocio. Bajo esta visión, las capacidades organizativas se asocian con las actividades de alto nivel relacionadas con las competencias de gestión necesarias para detectar y capturar las oportunidades, así como para recombinar y reconfigurar recursos con el propósito de dar respuesta a los retos de adaptación y revitalización competitiva.

La construcción de estas capacidades se fundamenta sobre ciclos de experimentación, aprendizaje, selección y codificación del conocimiento, así como de construcción de activos estratégicos. Por ello reciben la denominación de capacidades dinámicas. Así, cabe distinguir tres capacidades dinámicas:

  • La detección de oportunidades y amenazas, que precisa del escaneo, la búsqueda y la exploración. Implica la lectura y asimilación de señales de cambio en aquellas áreas que presentan los mayores ámbitos de oportunidad o vulnerabilidad.  
  • La captura de las oportunidades: que considera la creación de una cartera de opciones estratégicas mediante el diseño de un portafolio de experimentos orientados a la identificación de oportunidades, así como la selección de las experiencias más exitosas con el propósito de escalar y explotar su potencial.
  • La transformación: la clave para un crecimiento sostenible radica en la habilidad para recombinar y reconfigurar las propuestas de valor y las estructuras organizativas a medida que cambian los mercados y las tecnologías. 

En este contexto cobra especial relevancia la iniciativa ”Oraina eta Geroa Uztartuz”, un proyecto desarrollado en el marco del proceso Etorkizuna Eraikiz e integrado en el Plan de Recuperación Económica y Social de la Diputación Foral de Gipuzkoa, que pretende el desarrollo de un Marco de Referencia para la Empresa Ambidiestra.

Este Modelo de Referencia permite la definición de una Agenda Estratégica Ambidiestra, mediante el diseño de una Hoja de Ruta para el Desarrollo Ambidiestro de la empresa, así como el despliegue de la Estrategia Ambidiestra en la gestión operativa de la misma.

El proyecto ha contado con la colaboración de un conjunto de empresas para llevar a cabo experiencias piloto de aplicación. Las experiencias desarrolladas han permitido ratificar la plena validez del Marco de Referencia para la Empresa Ambidiestra.  

A partir de los logros consolidados se pretende afrontar la escalabilidad del proyecto para lograr que Gipuzkoa sea un territorio referente en la aplicación de la Gestión Ambidiestra, incrementando para ello las aplicaciones prácticas del Marco de Referencia para la Empresa Ambidiestra mediante el concurso de la academia, los agentes intermedios y las empresas de servicios avanzados.

Con todo ello, a falta de estabilidad, lograremos que nuestras empresas desarrollen las capacidades de adaptación y revitalización necesarias para asegurar su desarrollo futuro.

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