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Sonido de alarma ‘in crescendo’.

Menuda semana en la Península ibérica. Madrid con la cumbre de la OTAN y la ciudad portuguesa de Sintra, donde se han reunido los banqueros centrales. Cita trascendente en un contexto de reflexión monetaria y de inflación que se va a dirimir en un terreno dialéctico muy intenso. En el verano, principalmente entre dos grandes foros pivotales. El comentado de Sintra que va arraigando su tradición —organizado por el Banco Central Europeo— y el que se celebrará a finales de agosto en Jackson Hole (Wyoming), a cargo de la Reserva Federal estadounidense.

La fina línea entre inflación y recesión.

Las expectativas están dando un vuelco preocupante que incrementa la probabilidad de un frenazo de la economía tras el calentón del verano. De momento el turismo apunta al optimismo, con indicadores que se aproximan a la normalidad prepandemia: tras el fuerte repunte de mayo, las pernoctaciones de turistas extranjeros se sitúan todavía un 14% por debajo de los niveles registrados en 2019, pero las reservas hoteleras prometen un récord para los próximos meses.

Aterrizaje suave sin fragmentación.

La política de partidos y las decisiones en materia monetaria comparten pocas cosas, pero sí tienen en común el gusto por los mensajes repetitivos. Se trata de generar expectativas y credibilidad. En esas están en estos días difíciles los banqueros centrales. Entre otros, hay dos mensajes muy repetidos. Uno es común a Estados Unidos y la eurozona y lo ha repetido estos días en Barcelona James Bullard, presidente del Banco de la Reserva Federal de St. Louis: es necesario y aún posible un aterrizaje suave en lugar de afrontar una recesión severa.

Los tambores de recesión en EEUU resuenan con más fuerza tras la drástica maniobra de la Reserva Federal.

Periodos recesivos cortos, de no excesiva intensidad, en alguno o en varios periodos trimestrales desde el verano hasta finales de 2023, en función de si la estrategia de la Reserva Federal contra la inflación más rampante de los últimos cuarenta años se inclina por el tono Fast & Furious que predica en la actualidad o, por el contrario, relaja las riendas de las subidas de tipos de interés futuras.

El despertar de las primas de riesgo.

El compromiso reiterado del BCE con la estabilidad del euro es un paso en la buena dirección que ya ha dado algún fruto: nuestra prima de riesgo se ha relajado desde los cerca de 140 puntos alcanzados poco después de la decisión de subir los tipos de interés, hasta 110 puntos tras la reunión de emergencia de los responsables monetarios. La italiana, que había rozado los 250 puntos, un umbral que marca la zona de peligro, también se ha frenado. 

La prueba de estrés del BCE.

El reconocimiento tardío por parte del BCE del carácter persistente de las presiones inflacionistas anuncia el fin de los estímulos monetarios de la era Draghi, en un momento excepcionalmente complejo para la economía europea. Habitualmente los bancos centrales se inspiran en el lenguaje alambicado del oráculo de Atenas para explicar sus decisiones, para así no descartar ninguna opción.

Ataduras y oportunidad del BCE.

Esta semana, otra reunión clave del Banco Central Europeo. Sucede en un contexto de mayor y más persistente inflación y de mensajes renovados de sus responsables. Ahora ya hablan abiertamente de varias subidas de tipos de interés. Parece que será en julio cuando se producirá ese primer aumento de los tipos oficiales. Sin embargo, se abren muchos interrogantes. El primero de ellos es palpable, la reacción de los inversores y el comportamiento de los tipos en el mercado no han esperado a las decisiones del BCE.

Nueva ola de inflación energética.

En los últimos tiempos el gas ha sido el protagonista inesperado de la economía española, por su papel de propulsor de la inflación que se ha extendido a través del aparato productivo, frenando la recuperación. Ahora todo apunta a que el petróleo podría estar tomando el relevo como aguafiestas. 

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