La magia de Mario Draghi.

Las decisiones que ha tomado el BCE estos últimos años han tenido una importancia transcendental para la economía española. La recuperación se inició a mediados de 2013, unos meses después de las célebres declaraciones de apoyo al euro de Mario Draghi que rompieron con la tibieza de su predecesor, propiciando una rebaja de la prima de riesgo que estrangulaba la actividad y la creación de empleo en nuestro país.

Que mala pinta tiene el mundo.

La apelación a la incertidumbre es la salvaguarda de rigor en muchos ejercicios de previsión económica. Esa forma de curarse en salud nos ha servido para transitar por estos dos años en los que han coexistido dos grandes condicionamientos sobre el bienestar: la amenaza de ruptura del denominado “orden económico internacional” por el país que hasta ahora lo tutelaba y la insuficiente asimilación de las secuelas que dejó la crisis de 2008. Pero la realidad ha suministrado ya suficientes elementos de juicio para que dejemos de refugiarnos en el tópico.

Batalla decisiva en Frankfurt.

Se ha acabado otorgando a las autoridades monetarias un aura casi papal. La de referencia que salva a una economía perdida. Los grandes aciertos y errores monetarios dejan una impronta prolongada. Sucedió cuando el BCE, bajo mandato de Trichet, subió los tipos de interés en 2008. Error para los anales. Ocurrió al contrario con las palabras de Draghi de 2012, convertidas en apotegma. Acertó con la primera parte: “Haré todo lo que sea necesario…”. Ahora está en cuestión el cierre de la frase: “…y será suficiente”.

La industria sufre su peor inicio de año en un lustro y se ralentiza más que el PIB.

Los males que empiezan a afectar a la economía española y lo seguirán haciendo a medio plazo, al igual que al conjunto de la zona euro, los ha ido anticipando en los últimos meses la industria, que ya hace tiempo perdió el brillo que tenía hace casi cuatro décadas. Como muestra, hoy el valor añadido bruto (VAB) de este sector respecto del total de la economía ha bajado al 14,4% (dos puntos más si se sumase el segmento energético), apenas la mitad de lo que representaba en 1980 (25,9%).

España es la peor preparada para asumir una nueva crisis.

Los indicadores macroeconómicos del Gobierno no tienen buenas noticias e indican una reducción de las ventas de las grandes empresas, una caída del indicador de confianza industrial, un descenso en la matriculación de automóviles ( -11,1 por ciento), una reducción en la entrada de pedidos industriales y 5 meses en negativo de la demanda de la electricidad.

¿Qué le pasa a Alemania? La locomotora europea da señales de agotamiento.

La economía alemana está perdiendo impulso. La gran mayoría de indicadores apuntan a que la locomotora de Europa se está enfriando. Y bastante más rápido de lo que los expertos preveían. El Brexit y la guerra comercial amenazan con darle la puntilla y arrastrar ya a terreno negativo al país con mayor Producto Interior Bruto (PIB) del continente. Pero las incertidumbres no acaban aquí.

¿Cambios en el modelo productivo? O es ahora o no será nunca.

Manuel Rivas empezó un magnífico reportaje sobre la margen izquierda de Bilbao en los años 80, cuando cerró la siderurgia, con una frase lapidaria: «Esto un día fue el futuro». La pregunta es otra vez la misma y está hecha desde la actualidad desgastada por una modernidad que nos sorprende cada vez con más desigualdad. ¿Hay un futuro de más equilibrio en el horizonte previsible?

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