Alemania planea proteger a sus industrias clave. Si acecha un comprador incómodo, el Estado adquirirá.

Alemania planea crear un comité gubernamental con competencias de intervención rápida para evitar que empresas alemanas sean adquiridas por manos extranjeras si lo juzga necesario, un esquema que ilustra la inquietud ante operaciones de compra de tecnología por parte de China.

El viejo dogma alemán de la austeridad se tambalea.

La aversión a la deuda y al déficit, un dogma incrustado a golpe de historia en el ADN alemán, se agrieta. La presión arrecia sobre el Gobierno alemán para que relaje su respeto a los presupuestos sin déficit en un país al borde de la recesión y necesitado de grandes inversiones. La novedad es que la presión no procede ya solo del exterior.

Merkel decepciona con su plan de inversión.

El Gobierno alemán de gran coalición que preside la canciller Angela Merkel desveló ayer su paquete de medidas contra la crisis climática, que implicará inversión pública por valor de 54.000 millones de euros de aquí al año 2023 en energía, transporte, construcción, e innovación y desarrollo. Objetivo: conseguir que Alemania reduzca en un 55% las emisiones de gases contaminantes en el 2030 respecto a los niveles de 1990, en línea con lo acordado en el seno de la Unión Europea.

Bruselas eleva la presión sobre Alemania para que aumente su gasto e inversión.

"La semilla por fin parece que está plantada, no creo que debamos pasarnos ahora con el agua. Hay que ser prudentes". Con esta imagen tan gráfica resumía ayer una alta fuente diplomática el dilema en el que se encuentra ahora mismo el núcleo duro de la Eurozona. Alemania, al borde técnico de la recesión, afronta por un lado una presión constante de socios comunitarios e instituciones internacionales para que aplique un giro de 180 grados a su política económica y empiece a gastar.

Alemania pierde el aliento.

Recesión técnica. Dos palabras que mantienen en vilo a Alemania y a toda Europa. La locomotora alemana se contrae tras diez años de fuerte crecimiento económico y probabilidad de que las cifras oficiales conviertan el fantasma de la recesión en realidad se disparan. Pero, ¿cómo ha llegado hasta aquí la cuarta economía del mundo? Y sobre todo, ¿y ahora qué?

La ralentización del mercado alemán empuja a Thyssenkrupp vender divisiones.

Tras meses de resultados minados por las tendencias bajistas de la economía alemana, la empresa siderúrgica Thyssenkrupp ha decidido dar marcha a atrás y estudiar si sacar a la venta  parte de sus negocios. Según varias fuentes cercanas a la empresa confirman a Reuters, el CEO, Guido Kerkhoff, tendría sobre la mesa la venta de la división de ascensores del grupo como vía para poder salvar los negocios restantes del conglomerado. 

¿Es suficiente inyectar dinero público? La crisis del modelo alemán pone en duda las fórmulas para reactivar la economía.

La economía alemana vuelve a dar signos de debilidad. Las señales que se van recibiendo sobre la marcha de la economía alemana en el tercer trimestre no son halagüeñas. La situación es lo suficientemente seria como para que Olaf Scholz, ministro de Hacienda del gobierno de gran coalición dirigido por Angela Merkel, se plantee un paquete de estímulo fiscal de unos 50 mil millones de euros.

Alemania: algo más que la guerra comercial.

El despabile de la economía europea para abrirse a estímulos fiscales ha comenzado por donde más falta hacía, Alemania. Parece que los aplicados contribuyentes germanos necesitan apreciar la realidad de una (probable) recesión para apoyar medidas de gasto público. Podría haberse hecho antes para tratar de sortear o sobrellevar mejor este tránsito recesivo tan anunciado. Se habla de 50.000 millones de euros en el paquete de medidas. La mayoría de ellas porque emulan a algunas de las que se tomaron en 2009 para tratar de salir de la crisis. Entre ellas, incentivos a la compra de automóviles.

Alemania bordea la recesión con una caída del PIB del 0,1% y aviva las incertidumbres.

La economía alemana se resiente en plena riada de noticias negativas para su potente maquinaria exportadora. El PIB germano cayó una décima en el segundo trimestre del año y abre así la puerta a la recesión tras una década de crecimiento prácticamente ininterrumpido. La Oficina Federal de Estadística apunta a la ralentización del comercio exterior como detonante del retroceso.

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