Alemania

Aviso desde Alemania: otra crisis bancaria es posible por culpa del coronavirus.

La crisis económica provocada por el coronavirus es una crisis de la economía real. No es una crisis del sistema financiero como la desatada entre 2008 y 2009. Pero podría llegar a serlo. En Alemania, los hay que alertan ya sobre las consecuencias financieras asociadas al obligado parón económico que ha impuesto la pandemia. A principios de julio, la consultora internacional Boston Consulting Group (BCG) presentó un estudio en el que se invitaba a "no descartar una crisis bancaria" en el país.

Así 'resiste' la economía alemana el envite del coronavirus.

El coronavirus ha asestado un golpe histórico a la economía alemana. En el segundo trimestre de este año, la economía del país de la canciller Angela Merkel se contraía un 10,1%, según los datos que presentaba este jueves la Oficina Federal de Estadística de Alemania (Destatis). "Es la mayor caída del PIB desde 1970", constataban los medios de comunicación alemanes al dar cuenta de esa noticia. 

Merkel enciende la maquinaria del capitalismo de Estado para crear nuevos campeones alemanes.

El potente paquete de Alemania para evitar el colapso de la economía ante el coronavirus incluye un fondo de rescate para empresas de 100.000 millones de euros. El programa permite salvar compañías estratégicas o directamente comprarlas con el dinero de los contribuyentes. Pero lejos de ser una medida de urgencia, hay una estrategia detrás para crear campeones nacionales que puedan competir en el nuevo orden económico, con inversiones millonarias en inteligencia artificial y energías renovables. Merkel ha puesto en marcha la revolución de la economía alemana.

El Constitucional pone en jaque a Alemania y su papel en la eurozona.

En su relación con la zona euro, Alemania siempre batalla con sus dos almas. Por un lado, la del país rico del norte que huye de la mutualización como bono que lleva el diablo; por el otro, la de país grande y dominante en el club que tiene el deber de conducirlo al consenso final. Esto, en manos de Angela Merkel, significa actuar solo cuando no haya más remedio, en el último momento y sin volantazos.

El 'Kurzarbeit', la receta de Alemania para que la crisis por el coronavirus no dispare el desempleo.

El empleo de cientos de miles de alemanes depende a día de hoy, en plena crisis del coronavirus, del 'Kurzarbeit', una modalidad de jornada reducida en la que el Estado paga temporalmente hasta dos tercios del salario para impedir que la crisis lleve a despidos masivos.

Alemania planea proteger a sus industrias clave. Si acecha un comprador incómodo, el Estado adquirirá.

Alemania planea crear un comité gubernamental con competencias de intervención rápida para evitar que empresas alemanas sean adquiridas por manos extranjeras si lo juzga necesario, un esquema que ilustra la inquietud ante operaciones de compra de tecnología por parte de China.

El viejo dogma alemán de la austeridad se tambalea.

La aversión a la deuda y al déficit, un dogma incrustado a golpe de historia en el ADN alemán, se agrieta. La presión arrecia sobre el Gobierno alemán para que relaje su respeto a los presupuestos sin déficit en un país al borde de la recesión y necesitado de grandes inversiones. La novedad es que la presión no procede ya solo del exterior.

Merkel decepciona con su plan de inversión.

El Gobierno alemán de gran coalición que preside la canciller Angela Merkel desveló ayer su paquete de medidas contra la crisis climática, que implicará inversión pública por valor de 54.000 millones de euros de aquí al año 2023 en energía, transporte, construcción, e innovación y desarrollo. Objetivo: conseguir que Alemania reduzca en un 55% las emisiones de gases contaminantes en el 2030 respecto a los niveles de 1990, en línea con lo acordado en el seno de la Unión Europea.

Bruselas eleva la presión sobre Alemania para que aumente su gasto e inversión.

"La semilla por fin parece que está plantada, no creo que debamos pasarnos ahora con el agua. Hay que ser prudentes". Con esta imagen tan gráfica resumía ayer una alta fuente diplomática el dilema en el que se encuentra ahora mismo el núcleo duro de la Eurozona. Alemania, al borde técnico de la recesión, afronta por un lado una presión constante de socios comunitarios e instituciones internacionales para que aplique un giro de 180 grados a su política económica y empiece a gastar.

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