Nuevas investigaciones muestran que la COVID ha creado una Generación Perdida dentro de las empresas.

La «generación perdida» fue un término acuñado por psicólogos para referirse a la generación de personas que alcanzaron la edad adulta inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial. Se sentían desorientados, sin dirección y angustiados como supervivientes de lo que había sido una de las guerras más horribles de la historia moderna. En los Estados Unidos, el anuncio del presidente Warren G. Harding de una política de “regreso a la normalidad”, que exigía volver a la forma de vida anterior a la Primera Guerra Mundial, dejó a la “generación perdida” aún más alienada.

Ómicron eleva un 82% el coste de las bajas laborales para la Seguridad Social.

El impacto de la variante ómicron, que ya se encuentra en una fase de reducción de su incidencia sobre la población, tensionó las cuentas de la Seguridad Social al final del pasado año y comienzos de 2022, dando lugar a que el coste de las bajas laborales provocadas por el virus se haya incrementado en un 82%, hasta los 1.600 millones de euros. En 2020, las ausencias de trabajadores por Covid costaron 871 millones de euros a las arcas del Estado.

El segundo estado de alarma también fue inconstitucional.

Antonio Narváez, el magistrado ponente de la que será segunda sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el estado de alarma decretado durante seis meses por Pedro Sánchez, ha ultimado ya su resolución, que volverá a suponer una desautorización jurídica para el Gobierno por su gestión de la pandemia.

Más allá del aula: el sector de las extraescolares es el gran olvidado en la pandemia.

En Euskadi hay 140 aulas cerradas por el aumento de los contagios por coronavirus. Esto supone que una gran cantidad de alumnos no acudan al colegio y, por tanto, tampoco a sus actividades extraescolares. Esta situación lleva a muchas academias, clubes y centros a no abrir por falta de usuarios. Las centros de actividades extraescolares tienen como ‘nueva normalidad’ el cartel de cerrado temporalmente. Un cartel que va a pasar factura económica, pero también educativa. 

Hay más de un millón de marineros varados en alta mar por culpa del coronavirus.

No hay negocio, sector o fenómeno social que no se haya visto afectado por el coronavirus. Las restricciones y los confinamientos han llegado incluso a lo más profundo de los océanos. El cierre de fronteras decretado por numerosos estados ha dejado a millones de marineros varados en alta mar, incapaces de atracar. Circunstancia especialmente lesiva para una industria golpeada con virulencia por la pandemia.

Solo el 16% de las empresas tenía un plan de contingencia para afrontar la pandemia.

"Se buscan hombres para viaje arriesgado, salarios bajos, frío intenso, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, dudoso retorno a salvo, honor y reconocimiento en caso de éxito". Con esta frase, el explorador polar británico Ernest Shackleton hacía un llamamiento a unirse a una de sus peligrosas expediciones a través del periódico 'The Times' en 1900.

¿Por qué, en tiempos de incertidumbre, lo nuestro parece mejor?

Una vez más nos han venido a recordar que la vida es impredecible. Esta vez ha sido un virus. Y por mucho que hubiéramos deseado ahorrarnos el recordatorio, parece inevitable que cierta inquietud y temor a lo desconocido se instale en nuestras vidas.

Esta situación también afecta a nuestras actitudes y comportamientos. Hemos podido apreciar grandes ejemplos de solidaridad, pero con el mismo ímpetu estamos viendo reacciones muy negativas hacia otros países, culturas o personas que pertenecen a colectivos que no piensan y actúan como nosotros.

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