La entrada de España en el euro fue un gran éxito económico para el país. Durante la década posterior, se logró una gran convergencia con los países punteros del continente gracias a un crecimiento económico desbocado, impulsado por los bajos tipos de interés y la entrada ingente de capitales internacionales. La historia fue claramente feliz hasta 2008, cuando estalló la burbuja y salieron a la luz todos los desequilibrios que había acumulado el país.
Las investigaciones científicas sobre la desigualdad son unívocas en sus conclusiones: en los países occidentales los ricos son cada vez más ricos y la clase media y los pobres son cada vez más pobres.
Diez años después de que la crisis económica de 2008 fuese explícita en España, y tras un periodo de casi seis años de destrucción de riqueza y de empleo y cinco de recuperación, los niveles de producción agregada están ya por encima de los máximos alcanzados en el ciclo alcista de los primeros años del siglo. El balance tras este decenio es una economía mucho más terciarizada, en el que los servicios han crecido significativamente y ni la industria ni la construcción han recuperado todavía sus niveles de producción y empleo.