El confinamiento y las restricciones a la movilidad producirán un «mayor deterioro generalizado de los indicadores de desigualdad social y pobreza» en España. Son las conclusiones del último informe de Funcas, en el que también alerta de que si la crisis se prolonga, existen «serios riesgos» para la cohesión social en nuestro país.
Trabajar en España ya no es sinónimo de estabilidad. A medida que se ha ido precarizando a consecuencia de las sucesivas crisis, el empleo ha dejado de ser una herramienta infalible para construir una vida digna y confortable, hasta el punto de que se contabilizan cerca de 2,5 millones de trabajadores pobres. Personas que madrugan y dedican buena parte de su tiempo y sus energías a una ocupación que no les permite superar el umbral de la pobreza relativa o incluso severa.
Las familias españolas afrontan la crisis vírica con un estado financiero preocupante a causa del confinamiento -derivado de las sucesivas prrórogas del estado de alarma-, el cierre de negocios o las restricciones a la movilidad. Como consecuencia de ello, en torno a seis millones de personas en España pueden ver quebrar su sostén económico llevándoles al borde de la pobreza, según los últimos datos aportados por la Fundación Foessa, dependiente de Cáritas.
Un 85 % de los vascos vive en la sociedad de las oportunidades. Es decir, cuenatn con los recursos necesarios para que el ascensor social siga funcionando con ellos. Esa es la buena noticia del Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España y en el País Vasco, elaborado por Cáritas. Y las malas se refieren al otro 15 % restante de la población, alrededor de 334.000 personas, que se encuentran en situación de exclusión social.