La polémica en torno a las palabras del ministro de Consumo, Alberto Garzón, sobre las macrogranjas y sus reiteradas recomendaciones de consumir menos carne han seguido dando que hablar esta semana. El problema ya no es tanto el debate político de lo apropiado o no de sus declaraciones, sino la importancia del sector que se siente atacado.
Más allá del oportunismo político y de la instrumentalización de las declaraciones de un ministro por parte de sus compañeros de gabinete y del propio presidente, el debate sobre el modelo de producción de carne hacia el que debemos avanzar era y sigue siendo tan ineludible como urgente