Aveces, la realidad se comporta de una manera tan paradójica y sorprendente que, en algunas ocasiones, dependiendo de la importancia de los hechos, provoca preocupación y, cuando menos, cierto desasosiego, sobre todo, cuando se observa que los demás hacen sus deberes y actúan con determinación y audacia, incluso, a partir de iniciativas que no les son propias, y aquí seguimos instalados en una supuesta zona de confort que está teniendo como resultado una inoperancia colectiva que ya nos está empezando a pasar factura.