La inversión sostenible está en el foco de atención de las grandes gestoras de fondos. Una tendencia que viene impulsada por las iniciativas del sector público para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Por parte de los inversores, incluida la incorporación de factores de transición climática en las decisiones de inversión, se ha producido un fuerte crecimiento en el uso de enfoques ASG: A (ambientales), S (sociales) y G (gobierno corporativo).
El sector de los fondos de inversión puede respirar tranquilo. Con un año plagado de focos de informaciones contradictorias, especialmente con respecto a la recuperación tras la pandemia, los datos muestran que las entradas en este tipo de vehículos y las rentabilidades han vuelto a mostrar fortaleza. La industria sigue en pleno auge y así se ha mostrado en el último tramo del ejercicio.
Estados Unidos domina con mano de hierro el sector de la gestión de activos. De las 10 mayores firmas del sector, ocho son estadounidenses. BlackRock, Vanguard, Fidelity... son algunos de las grandes de la industria. Solo dos nombres europeos se cuelan en este selecto club, la aseguradora alemana Allianz y el banco suizo UBS. Entre las 10 mayores compañías gestionan activos por valor de 40,6 billones de dólares (36 billones de euros).
El Banco Central Europeo (BCE) está preocupado por el colosal tamaño que ha adquirido la industria de fondos de inversión. En uno de sus últimos estudios, el organismo analiza el papel que está teniendo el sector en la correcta transmisión de la política monetaria y los riesgos sistémicos que se pueden desencadenar en momentos de crisis financieras si muchos gestores deciden vender al mismo tiempo.
Hace unos días, el presidente de Confebask, Eduardo Zubiaurre, ponía de relieve, al margen de señalar la pérdida de atractivo de Euskadi frente a otras regiones mucho más dinámicas en la captación de inversiones, la ausencia de "gestores de fondos de inversión que vivan aquí y otorguen cierto arraigo, una industria financiera...". Y esta es la gran cuestión que nos lleva atenazando desde hace mucho tiempo.
El patrimonio de los fondos de inversión se ha reducido en 26.800 millones de euros en las tres primeras semanas de marzo, lo que supone un 9,9% del total gestionado. De esta cantidad, 5.100 millones de euros corresponde a reembolsos de los partícipes y 21.700 millones, a la depreciación de las carteras por el desplome de los mercados causado por el coronavirus, según datos de Inverco. Los reembolsos han sido inferiores a los 8.100 millones que se reembolsaron en octubre de 2008.
Grandes fortunas han realizado en marzo compras de acciones de compañías españolas cotizadas en bolsa por un importe estimado que ya supera los 350 millones de euros, en plena convulsión en los mercados por la crisis del coronavirus y con la economía global sometida a un shock sin precedentes ante esta emergencia sanitaria.
El Gobierno no quiere que las empresas clave del país caigan en manos de fondos buitre. El último borrador del real decreto que aprobó ayer el Consejo de Ministros suspende el denominado régimen de liberalización. En la práctica, quedan vetadas las compras por parte de inversores extranjeros de más del 10% del capital en casi todas las empresas, siempre que no cuenten con la autorización explícita del Gobierno. Es una defensa extrema y una suspensión de la llegada de capital extranjero al país con malas intenciones. Eso sí, el efecto de esta normativa expirará cuando termine la crisis.
Un manoseado proverbio chino dice que una crisis es una oportunidad. Y es lo que piensan los mayores fondos de capital riesgo del mundo, que aguardan a que baje el arreón de la crisis sanitaria por el coronavirus para lanzarse a hacer compras. La cuestión es otear qué compañías, una vez pase la marea, han quedado tocadas, pero no hundidas, y suponen una buena oportunidad de compra.