Estamos consumiendo pescado contaminado por los residuos electrónicos que enviamos a África.

¿Quién no tiene un móvil, una tableta e, incluso, un coche eléctrico? ¿Quién no se queja cuando sus aparatos electrónicos comienzan a cargar peor y a disminuir la durabilidad de sus baterías? ¿Cada cuánto tiempo cambiamos nuestros dispositivos electrónicos?

Pero ¿quién sabe cómo y de dónde proceden los materiales necesarios para fabricar esas baterías? ¿Quién sabe qué pasa con los dispositivos que tiramos?

Las ballenas del océano Atlántico tienen altos niveles de químicos procedentes del plástico.

Las ballenas de aleta (Balaenoptera physalus) acumulan en su organismo una importante cantidad de compuestos organofosforados, sustancias químicas que se usan como plastificantes (para dar suavidad al plástico) y retardantes de llama (con efecto inhibidor en la combustión). El kril, un pequeño crustáceo y principal fuente de alimentación de las ballenas, contiene los mismos niveles de esas sustancias, concluye un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

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