Es conocido que, de forma general, los procesos de emprendimiento presentan un rendimiento altamente ineficiente, como lo evidencia la tasa de supervivencia de las inversiones realizadas por las 40 principales Venture Capital americanas en “el período dorado” comprendido entre 1980 y 2000, que se sitúa en el 25,70%.
Por ello, se hace preciso desarrollar la competencia emprendedora, es decir las capacidades necesarias para explotar eficazmente las oportunidades de negocio detectadas.